Eclosión - EJE.

domingo, 23 de agosto de 2009

Yo sí que soy de izquierdas

Parece que viste mucho últimamente ser de izquierda... pero la verdad es que ya he perdido de vista ese discurso, más bien me parece una involución a la dialéctica decimonónica con el único objetivo es sacar de foco lo realmente importante: que la política del siglo veintiuno no puede ser de izquierdas, ni de derechas, sino que tiene que ampararse en dos premisas más al alcance de todos: política sensata y política insensata.

Resulta increíble, que quienes se definen como abanderados de las políticas sociales hayan abandonado de forma tan natural la defensa del trabajo como medio para sacar al hombre de la alienación. Contra esto, curiosamente se patrocinan de forma cada vez más descarada, políticas dirigidas a la subvención de la inactividad más absoluta, amparándose en la obligación cubrir las necesidades más básicas del ser humano: a mí personalmente me parece que la necesidad más básica es la de disponer de oportunidades para mantener de forma digna a la propia familia en contra de los deseos de los gobiernos sucesivos, cada vez mas evidentes, de educarnos para la alienación más absoluta. Toma mi limosna, muérete de hambre, pero ¡VÓTAME!
La otra alternativa pasaría por encontrar a alguien que busque el equilibrio entre lo que quiere la nueva terna de empresarios crecidos al amparo de los últimos gobiernos (ojo a los patrones con carné del Soooe, pero ojo en general a todos) y que buscan simplemente nuevas formas de explotación y la realidad de los nuevos trabajadores (donde los haya) que en muchos casos merecen mucho más de lo que la ley les ofrece (a lo que se agarran los mencionados).
La ley de salarios, basada en un principio de necesidades, resulta tan injusta para quienes realmente quieren trabajar y se esfuerzan en el afán de mejorar, medrar y contribuir al crecimiento de su empresa y de la sociedad, como para quienes, amparados en la ley, desprecian a sus vecinos, a sus compañeros de trabajo, las normas sociales más elementales y no hacen siquiera suficiente para generar sus emolumentos.
Por otro lado, la ley que protege de forma tajante al trabajador, sea cual sea su actitud hacia la empresa, los compañeros y la sociedad en general, no puede dejar de ser injusta, porque se sostiene sobre unos cimientos indefendibles: los de que por el hecho de ser seres humanos (por cierto, también discutible) tienen unos derechos inalienables que cada vez tienen menos compensación en los deberes, que hasta hace poco regulaban el equilibrio y hacían que el modelo, aunque no siempre de forma justa funcionara, generándose la paradoja de que determinadas leyes ahora son injustas por exceso de derechos que no exigen ninguna contraprestación.

Así que háganme el favor que yo sí que soy de izquierdas: SOY ZURDO DE LAS DOS MANOS que es lo más a la izquierda que se puede estar en estos tiempos sin caer en la tentación de ser un jacobino o un secuaz armado (literalmente con pistola) de los nuevos adalides de la Democracia Mundial.

jueves, 20 de agosto de 2009

Los mudos perdidos

Parece mentira.

Pasé con algunos amigos una parte importante de mi vida - la adolescencia y la primera juventud- imaginando que luchábamos para conseguir cosas... Luchábamos a brazo partido creyendo a pies juntillas las consignas buenas o malas, que, en aquel momento de necesidad nos llegaban desde donde fuera y defendiendo los que creíamos los ideales más justos del mundo: ¡Pan, Trabajo, Libertad! Parece mentira, pero esa consigna tan simple, tan sensata, le costó la vida, ahora no recuerdo en que año a Javier Verdejo. Tampoco estoy seguro de recordar decentemente el nombre ni el apellido, que se me pierde ahora en la niebla de los años, pero espero, que al menos el hecho de recordarle me redima de mi falta notable de memoria. Murió, a tiros mientras pintaba en una pared su consigna..., la mía... la de tantos, podía haber sido cualquiera pero la desgracia quiso cernerse aquella noche sobre él.
Con el paso de los años pareció que aquello, como lo de Julian Grimau no había sido en vano ni gratuito. Se fueron haciendo realidad los anhelos de los que en los famosos años de clandestinidad se jugaron el tipo para hacer que ocurrieran las cosas.

¡PARECE MENTIRA! como al final, después de todo; toda la lucha, todos los sacrificios, solo sirvieron para hacer iguales a "algunos" pero, contrariamente a lo que imaginamos, ese mundo utópico en el que todos podíamos tener algo que decir, les hicieron iguales a quienes desde siempre tuvieron el poder y lo ejercieron.

Al final, el poder solo es eso...¡PODER! y quien lo ejerce de la manera que sea parece no poder escapar al capricho volátil y humano de ejercerlo de la única forma en que el poder se manifiesta en su máximo esplendor, es decir, de forma absoluta. Porque, por más que pretendamos engañarnos, los circulos de los poderosos, se cierran cada vez más alrededor de los (por cierto cada vez también más infames) gobernados. Cada vez, nos venden más humo, nos golpean con sus programas culturales dirigidos por ideólogos intelectuales que con cierto pedigree real crean para justificar sus necedades un árbol genealógico que bien podría incluir un premio nobel, si eso vistiera en estos tiempos.

No quiero escaparme del principio, y quisiera volver al triste mundo de los sacrificados (ahora ya lo digo convencido) por nada.

El PAN, convertido ahora en un artículo supérfluo que tiramos a diario a la basura sin pararnos a pensar en quien puede necesitarlo, porque vamos sobrados.

El TRABAJO... esa "rara avis" que practican algunos idiotas, para que el estado mantenga a cambio de votos a quienes en la dialéctica marxista de Paul Lafargue (creo que se escribe así, lo estoy haciendo de memoria) imvocan su derecho a la pereza a costa de quienes exhiben todavía cierto grado de orgullo y se matan a currar por un sueldo de mierda, que quienes perciben subsidios por hacer mada no estan dispuesto a tolerar y

la LIBERTAD (r. i. p.) cada vez mas esquiva a pesar de todas las apariencias y las cortinas de humo que nos venden.

Por último, la IGUALDAD, obviamente ausente porque en realidad y contra lo que nos venden, NADIE QUIERE SER IGUAL... unos, porque son mas listos, otros porque tienen el rabo más grande y otros, los políticos por ejemplo, porque realmente no son iguales y se aferran a sus desigualdades en la esperanza de mantener su satus quo hasta que el sol deje de salir por el Este...

PARECE MENTIRA...
que de todos los que en la actualidad mandan algo, ninguno..., repito NINGUNO, ha estado cerca ni siquiera por una vez en su vida de una pintada que hubiera podido costarle la vida... y esto lo crean ellos o no, SI QUE ES UNA INJUSTICIA, porque estan gobernando como si hubieran sido ellos quienes un día soñaron que esto debía pasar y tratan de hacernos creer que los sacrificados fueron ellos.


Bueno, después de escribir toda esta retahila, encontré en internet esta reseña:

"Francisco Javier Verdejo Lucas, (1957-1976). Estudiante de Biología de la Universidad de Granada y militante de la Joven Guardia Roja (Cantera del Partido del Trabajo).[1] Asesinado en la madrugada del 13 al 14 de agosto de 1976, a los 19 años de edad, por la Guardia Civil mientras realizaba una pintada en los muros del Balneario de San Miguel, en el barrio Almeriense del Zapillo. Su intención era pintar "Pan, Trabajo, y Libertad’, pero sólo pudo pintar "Pan, T"."

Sirva por favor de reconocimiento.

P. D.: Por cierto apoyaré la ley del aborto siempre que sea sensata... pero lo de los adolescentes no me lo parece.

P. P. D.: la apoyaré aún más si la podemos aplicar con efectos retroactivos en personas que hayan podido influir de forma negativa en el devenir de la historia o que se puedan manifestar de auténtica inutilidad pública..., por ejemplo (que hay que dar pistas de todo) los ministros o ministras de igualdad.. o algún que otro presidente de gobierno de nobles, bizarros e indomables antepasados militares.

sábado, 8 de agosto de 2009

Teología de la Aberración y otros cismas

En la Edad Media, participar, de forma voluntaria o no, en un cisma religioso, suponía, en el mejor de los casos una situación de persecución que habitualmente se resolvía en humo. Aunque esto de por si, es una aberración, en sí mismo no es más que una muestra de como la barbarie, es básicamente eso: una barbaridad, y así lo hemos entendido con el devenir de los años, cuando hemos dispuesto de la oportunidad de analizarlo con perspectiva histórica y sin el aliento de Torquemada en la nuca.
En cualquier caso, la barbarie parece que es, según quien la ejerza más o menos bárbara, como si le pudiéramos dar matices al crimen; cosa que sorprendentemente hacen los jueces, no se si en función de cuán muerto está un cadáver o simplemente del vapor que les sale de la entrepierna por encima de la hebilla del cinturón. Aún así, no es mi intención criticar a los jueces, que al fin y al cabo hacen su trabajo con las herramientas que le da el poder legislativo, supuestamente separado de la terna poderosa desde la revolución francesa y que ¡Oh maravilla de las maravillas! desde su separación decide quien ejerce el poder judicial y además escoge a quien ha de cargar con la pesada losa de mantener el pié el poder ejecutivo (de los poderes religiosos ya no hablamos por motivos obvios, aunque parece que de distinta manera se trata de seguir usándolos como siempre, o sea, no con las mejores intenciones).
Me sorprende, no puede dejar de ser así, la forma en que de forma bárbara, los políticos se permiten el lujo de mentir y estafar al ciudadano de forma impune amparándose en el detalle, ¡Oh maravilla de las maravillas! de que son ellos quienes legislan y deciden qué es delito en este país y qué no; del mismo modo, que los jueces que ellos mismos eligen deciden cuales de las cosas que ellos hacen son imputables como delito y cuales no. No sé, mirándolo de este modo, donde está la famosa separación Rousseauniana de los poderes que tendría que haber servido, entre otras cosas, para proteger al ciudadano de los abusos de quienes les gobiernan y del resto de los hombres...
¡No sé como hemos podido llegar a ésto!
En los años 70 (joer, ahora si que empiezo a ser viejo de verdad) soñábamos con un mundo feliz, y Aldus Huxley describió en su "Mundo Feliz" nuestro mundo actual con una exactitud que hace sospechar de un parentesco directo con Nostradamus y además produce escalofríos, y luchamos a brazo partido para conseguirlo, cada uno con sus armas y sus opciones así, unos entregaron el gabán, otros pasaron temporadas notables a la sombra y no precisamente de una higuera, En cualquier caso, suponíamos que gracias a la definitiva separación de poderes, podríamos acceder de forma efectiva a la cultura, perdón, a LA CULTURA con mayúsculas, a la información, al conocimiento, a los estudios, a todas esas cosas que imaginábamos inaccesibles porque estaban acaparadas por los que en la época, estaban heredando el poder absoluto. Y así, después de ver a algunos amigos desfilar camino a la avenida de los cipreses, otros en dirección al desarraigo más absoluto habiendo sacrificado sus estudios y su vida y a los demás, perdidos en la ola de quienes, sin haber movido en la puta vida un dedo para nada, se sumaron al deporte nacional de -¡que sa creío el nobel ese...!, pensará que vale máj que lló...- y nos encontramos en el mundo de Huxley con una cultura hecha a medida del analfabetismo, una información controlada y regulada, un conocimiento servido en bandeja por los medios (más bien enteros) y unos estudios, (lejos ya de esa actividad que toda la puta vida se empleó, con bastante sufrimiento y sacrificio por cierto, para obtener los conocimientos que tendrían que llevarnos a la cultura)que se han convertido en unos apartamentos chiquitines donde los niños de más de treinta años se pueden llevar a los ligues que consiguen cuando, con la propina que les da papi salen por la noche de fiesta y ligoteo mientras terminan los estudios y encuentran un trabajo a su medida ( a ver si van a trabajar ahora que ya casi han terminado el primer grado de FP por mil euros, no te jode...con lo que vale el niño...)
Así pues, los nuevos dioses, opinan en los medios (medios me perdone) dictan nuevas leyes divinas que les entronizan y saben de política, por otro lado, los políticos (que sí que saben de política) siguen controlando en contra de Rouseau y de Montesquieu todos los poderes habidos y por haber, nos siguen estafando impunemente porque PAL QUE NO LO SEPA, los jueces son sus amiguetes no los nuestros y están más allá del bien y del mal ( a ver quien es el chulo que le pone una multa de tráfico a un ministro o que diputado paga las suyas) y se ríen de nosotros, antes discretamente cuando no mirábamos, pero cada vez más a la cara con esas declaraciones maravillosas de esas ministras cultísimas que llaman a las cosas por su nombre y de navales tienen, no los conocimientos que toda la vida nos sirvieron para manejar las flotas marinas, sino el simple y llano conocimiento de quienes tienen que saber UN GÜEVO DE NABOS.