Eclosión - EJE.

domingo, 22 de marzo de 2009

HOMO SAPIENS 2.0

La aventura vital del nuevo siglo viene siendo o aparentando ser una lucha sin cuartel para la consecución de la igualdad. Resulta extraño gastar fuerzas, muchas, en algo que la mayoría ya daba por conseguido, pero hete aquí que aparecen nuevas formas de discriminación, hasta ahora desconocidas y que hacen que las pasadas luchas por la libertad, el derecho al voto y la igualdad teórica y práctica parezcan pecata minuta frente a la revolución que se avecina. Nadie niega, al menos nadie en su sano juicio, que dentro del posibilismo igualitario todavía quedan capítulos que, no llegando a ser oscuros, dejan cuando menos alguna duda sobre sobre la realidad de su consecución; así podemos ver con estupor, que los principios en los que debería basarse la igualdad laboral (por poner un ejemplo) no solo no se respetan sino que se ignoran de forma intencionada y repetida en la mayoría de las ocasiones.
En cualquiera de los casos, todo lo que nos empuja -siempre sobre el motor del sentido común-, a imaginarnos un mundo de injusticia permanente debiera llevarnos por el camino contrario a encontrarnos en un lugar de igualdad en términos absolutos, aunque tristemente no es así. Se exige, de forma legítima y loable, el mismo trato salarial y de oportunidades cuando tratamos la igualdad desde el punto de vista de lo que nos toca recibir y por otro lado veo casos, ya sé que a ustedes no les pasan estas cosas, en los que a la hora de determinar como de iguales tenemos que ser desde el punto de vista de lo aportado por nosotros, encontramos explicaciones ad hoc, que justifican, por cierto de forma notable nuestra tendencia a no estar nunca donde debemos estar y a no hacer lo que debemos hacer.
El último invento del maligno (je je je) con el que trabajar sobre la ya muy manida igualdad, la discriminación positiva (por dios que barbaridad) se convierte hasta desde el punto de vista dialéctico cuando menos en eso, en una barbaridad; por definición todas las discriminaciones son positivas si estas en el lado correcto y negativas si te toca el otro lado de la mesa, ahora bien, cuando a uno le colocan quiera o no quiera en el polo negativo, la discriminación va a ser negativa siempre, salvo que sea uno propietario de un banco o tenga la migaja salarial de un político (que no hace falta ni que sea corrupto, que -creo yo- ya lo ganan bien) o el poder de que no le pidan los carnés o las licencias ni el seprona (de esos no hay tantos).
Las formas más notables de desigualdad digan lo que digan quienes lo digan no son entre hombres y mujeres o entre nativos e inmigrantes, las discriminaciones más notables siguen siendo, y esto ni es nuevo ni ha cambiado en esencia desde etapas históricas que tenemos por más oscuras, las que se dan entre poderosos y mindundis y entre ricos y pobres y ahora gracias a la discriminación positiva la que se da entre los pensadores de verdad y el plenum.
En primer lugar, la desigualdad entre poderosos y mindundis es obvia: un hombre común mata dos conejos en un coto de caza sin licencia y la pena, por desproporcionada que parezca, es la cárcel: desproporcionada puede, pero ajustada a derecho seguramente; sin embargo si un ministro caza en esa misma reserva también sin licencia seguramente se arregle el problema con una multilla aunque, eso sí, no faltará en televisión un Buffalo Bill que defienda el honor del agraviado ministro.
Otro ejemplo de esto puede ser la capacitación laboral. Sin ir más lejos cuando de un empleado cualquiera en un empleo cualquiera se obtiene el menor indicio de que su honestidad tal vez no sea la que debiera ser, queda, especialmente si se trata de un empleo en el que se maneja dinero, inhabilitado - si no despedido- para el cargo que desempeña al menos hasta que se demuestra su inocencia; aquí, la presunción se queda en casa. Sin embargo, cuando la honorabilidad que esta en entredicho, incluso con pruebas, es la de un magistrado, éste, no solo puede ignorar las recomendaciones de sus superiores, sino que profundiza en lo que está tratando con la mayor naturalidad, eso sí con la connivencia en pleno del gobierno, que aplaudiendo y defendiendo al mencionado no solo da por bueno lo que está haciendo sino que le anima a que amplíe el campo de investigación, siempre que sea contra el enemigo... En cualquier otro empleo, en uno de esos que no están sujetos a las leyes que aplican a los trabajadores de lo público y en los que, los que desarrollan el puesto de trabajo, tienen que ganarse los garbanzos, cualquiera con el historial laboral del imaginario juez hubiera sido dimitido por terceros a la primera de cambio, por ejemplo por el más mínimo indicio de centollos o de nécoras (este país desde luego ya no tiene memoria, porque no recordamos ya ni las mariscadas, ni los bailes ni las discotecas ni los realitys que organiza la honorable judicatura que primero se presenta a las elecciones, echa pestes (con matices de checa) del partido al que se enfrenta y que cuando vuelve al ejercicio de su cargo le ataca impunemente sin que nadie que no sean los perjudicados levante una voz para cuando menos opinar lo que tendría que opinar la gente normal: joder les tiene manía. Del asunto de los emolumentos y la caza, ni hablo, porque el hecho de que un juez diga, no sabía, el supremo se ha extralimitado o ya ha prescrito, en fin, da como para escribir un best seller.
No quería extenderme, pero soy un incontrolado..., en cualquier caso un último ejemplo de algo sobre lo que me gustaría decir más en el futuro y conocer opiniones de otros. La discriminación de los valores frente a la mediocridad, viene tomando desde hace ya tiempo unos matices que nos conducen irremediablemente al analfabetismo funcional. Ahora que sabemos leer, escribir y "pensar", lo hacemos de forma tan irresponsable... en fin, no tenemos más que ver la televisión para darnos cuenta de que gastamos más del 90% del tiempo de pantalla, en dar la oportunidad de opinar y sentar cátedra a personas que, o bien carecen de criterio o, cuando menos es tan banal, tan vacuo y tan irrespetuoso que va transformando poco a poco a los opinadores en ideólogos y a nosotros mismos como mínimo en víctimas que con el paso del tiempo, vamos comprendiendo, entendiendo, asimilando, asumiendo e incluso defendiendo el universo metafórico del/la opinador/a. Vamos, que todo se resume en la frase de un intelectual de reality, quien hablando sobre un premio Nóbel (no recuerdo de que especialidad) preguntó, como era de esperar sin ningún rubor y con esa suficiencia que se da en el que se sabe ya conocedor del medio, con club de fans y seguidores mediáticos incondicionales: -pero bueno, ¿que es ésto?, ¿que va a valer ese tío más que yo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario